Nadie nos va a extrañar – Porque dejar de vivir.
¿Qué sentido tiene la vida? Cuando la respuesta no llega y la persona está inmersa en el dolor, aparece esa posible salida: dejar de sufrir, no sentir nada... ión


No sé a ciencia cierta cómo quiero comenzar este artículo; hay tanto que decir que no quisiera que la inercia de la inspiración deje de lado las cosas importantes que deseo compartir. Hace pocos días vi una miniserie que me atrajo desde el primer anuncio. Tal vez fue la nostalgia, pues está ambientada en el México de los noventa, época en la que yo era adolescente. De eso trata la serie, cuyo nombre se puede intuir, pues es el título de este escrito. Esta producción "palomera" me fue llevando por caminos personales, pero sobre todo por tramas actuales y vigentes que se revelan poco a poco con humor, dosis de drama y, al final, una tragedia cruda e impactante. Comencé preguntándome por qué la serie se titula “Nadie nos va a extrañar”. Es curioso, pero la frase no se menciona ni una sola vez; su significado se descubre solo con el desenlace. Como ya adelantaba, existen varios temas que se tocan de forma implícita o explícita:
· Bullying: Quizás el tema más evidente es el acoso que se sufre en las escuelas, sobre todo en los niveles básico y medio. Algo que parece tan “normal” para algunos, e incluso se recuerda con simpatía, para otros es un auténtico infierno. No hablo solo del maltrato físico, sino del psicoemocional.
· Amistad: Plantea cómo el afecto se va entretejiendo casi sin darnos cuenta: acciones concretas que acercan a las personas, problemas compartidos y victorias vividas.
· Amores: No me refiero a las primeras relaciones, sino a los primeros amores, donde hay más consciencia, una intención de formalidad y se comienza a aprender lo que es decepcionarse, cuidar del otro, tener miedo a perderlo y, también, soltar.
· Homosexualidad: Lo que hoy parece natural, en aquellos años (que realmente no fueron hace tanto) era un tabú absoluto; para muchos, una cárcel de represión que impedía el autodescubrimiento. Aunque en la serie no se muestra cómo lo toma el padre, retrata magistralmente la lucha interna de aceptación.
· Por último, se aborda el modelo de relaciones familiares moldeado por la “prosperidad”: esa falsa ilusión de acceder a un mundo con más confort. En la serie vemos a los padres de Memo, aparentemente exitosos. El papá trabaja en una trasnacional y es promovido, lo que implica largos periodos de ausencia que intentan compensar con objetos: computadoras, grabadoras, dulces importados y un karaoke.
Sin embargo, los padres no percibieron la carga que Memo llevó por años: una colección de cambios de colegio donde, por su personalidad, era frecuentemente violentado. Justo en esta última escuela, por un acto de honestidad, es adoptado por un grupo de nerds que lo acogen y se convierten en sus amigos. Él llega a ser popular tras atreverse a beber por primera vez, logrando la aceptación de la mayoría.
Un día, al regreso de uno de sus viajes, los padres le comunican que se mudarán todos a San Diego, California. Para él, es una noticia terrible. Tras haber sufrido tanto y finalmente haber logrado hacer amigos y dejar de ser violentado, este cambio anuncia un nuevo sufrimiento que ya no está dispuesto a soportar. Después de una serie de despedidas silenciosas con sus amigos, se quita la vida. ¿Cómo puede un joven tan calmado, amable y lleno de bondad suicidarse? Es ahí donde el nombre de la serie cobra sentido: él llegó a creer que nadie lo extrañaría si se iba, pues sus padres están ensimismados en sus carreras y sus amigos continuarían con sus vidas. Es ahí donde surge la pregunta medular: ¿qué sentido tiene la vida? Cuando la respuesta no llega y la persona está inmersa en el dolor, aparece esa posible salida: dejar de sufrir, no sentir nada... morir. Este artículo no pretende moralizar ni enjuiciar el acto del suicidio, sino invitarnos a hacer un alto y repensar nuestras relaciones interpersonales, especialmente las familiares. ¿Realmente estoy presente en la vida de mis seres queridos? ¿Puedo comprenderlos aunque no comparta su forma de pensar? No es fácil responder; implica tiempo, apertura para escuchar y acompañar.
El mundo interior es complejo de descifrar, especialmente si no tenemos cerca a alguien con quien compartirlo. La familia y los amigos son la mejor opción, pero cuando el peso nos rebasa, buscar terapia psicológica es la respuesta más valiente y acertada.
